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¿Hacia dónde va el pasado?
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La traición de las imágenes. 1928/29 |
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A partir de 2010 el programa de Historia para tercer año de primer ciclo se
adecuará a los contenidos propuestos por la Reformulación 2006, trasladando el límite
temporal de hechos a enseñar hasta los primeros años del presente siglo. El pasado es
observado frecuentemente como una “zona de conflictos”, y lo es más cuando los
acontecimientos están a diario inmersos en la realidad. En virtud de lo anterior, y a fin
de explorar juntos insoslayables aspectos que hacen a la construcción del conocimiento
histórico que luego será enseñado en nuestras aulas, creo pertinente la breve
presentación de algunos elementos epistemológicos intrínsecos de la disciplina que
habilitan la reflexión y son necesarios considerar.
En primer lugar, puedo afirmar que el mayor problema que tiene el abordaje de
la Historia está directamente relacionado con el alto nivel de complejidad y abstracción
del conocimiento histórico2 que, sin embargo, es frecuentemente percibido
equívocamente como “fácil de aprender”. Esto genera un obstáculo para la comprensión
del pasado porque pierde su dimensión principal: su radical alteridad. Entonces los
anacronismos y giros subjetivos abundan en interpretaciones desajustadas, con
realidades estáticas y descontextualizadas que de ningún modo toman en cuenta la
temporalidad y los límites del relato. La inteligibilidad de los hechos del pasado se
establece en relación al “otro” –cualquiera que una determinada tradición establezca
como tal - y para su comprensión es necesario lograr la empatía con lo que es
totalmente distinto a lo que nos rodea actualmente (de Certeau: 17). Vaya primera
menuda dificultad.
¿Hacia dónde va el pasado? Consideremos lo siguiente; el pasado es
administrado y ordenado desde el presente creando imágenes modales que influyen o
conforman la realidad. No obstante, esas imágenes modales del pasado, lejos de ser
estables, cambian constantemente casi a la misma velocidad que el presente. Si tenemos
en cuenta el carácter efímero de éste último, comprenderemos como las interpretaciones
cambian permanentemente con las transformaciones de la red del significante
reestructurando la noción del pasado.3 Lo hace legible de otro modo. Así, elementos no
considerados u olvidados en un momento determinado, de pronto adquieren visibilidad,
pero “en un terreno muy diferente” (Zizek: 88).
La concepción de un “pasado cambiante” generalmente es percibida como
peligrosa y genera desconfianza. Es habitual, los seres humanos encontramos en la
certidumbre un lugar seguro y, ocasionalmente, complaciente. No obstante, la “realidad
social” construida e instituida se encuentra permeada por las incertidumbres del saber y
del tiempo (Wallerstein: 11- 12). A no alarmarnos. No se trata de poner en duda el
estatuto de existencia de todos los datos históricos, ni que cualquier interpretación tenga
el mismo valor o status. Existen hechos verificables que no dejan lugar a la
“invención”, pero es fácil comprobar como con el transcurso del tiempo han ido
cambiando de significado al ser reinterpretados sucesivamente obedeciendo a diferentes
cambios que sufre una comunidad (Demasi: 10). En si mismo, no hay inteligibilidad del
pasado desligado de la percepción del propio proyecto de futuro de una comunidad. La
forma como se organiza el pasado, a más de dotar de sentido al presente, señala un
“camino” en sentido deontológico. Se encuentra en relación con las expectativas y
deseos de una sociedad. Lo que podríamos percibir como fragilidad del pasado refiere a
como “discurso de la historia y discurso de la acción se remiten el uno al otro, (…), en
fin, ambos discursos constituyen inseparables caras de una misma moneda.” (Cruz: 9).
En el trabajo del verdadero historiador lo que cuenta no es sólo lo que se
recuerda y se conmemora, sino lo que se olvida en la reconstrucción del pasado
(Giddens: 15). Al hacer Historia, promueve una construcción identitaria de la
comunidad como tal, variada, no de fracciones políticas, religiosas o de algún tipo en
particular. El Historiador concibe a la Historia como una pretensión de análisis de la
realidad, no como la “verdad” o la única explicación posible. Sabe que los recuerdos
traicionan y que debe apoyarse en otros instrumentos para realizar su oficio. El relato
histórico es, al mismo tiempo, más y menos que el pasado. Persigue una reconstrucción
consensuada por un cuerpo social dinámico. Una fábula griega habla de dos fuentes o
manantiales ubicados cerca del oráculo de Trofonio. Una era la del olvido, otra la de la
memoria. Los griegos acostumbraban beber alternativamente en una y otra. Pero cuando
después de haber olvidado bebían en la fuente de la memoria, lo que recuerdan estaba
alterado, modificado y lo recordaban en función de lo que tenían alrededor. Reconstruir
el pasado con exactitud es imposible, lo importante es tenerlo siempre presente y no
creer que es a nosotros a quienes la fuente de la memoria nos ofrece la imagen
únicamente real de lo que fue.
La Historia, en construcción permanente, consigue imponer visiones de la
realidad y contribuye a configurar identidades. Por lo tanto, en la elaboración del relato
histórico es necesaria la participación de todos. Porque todos estamos involucrados en la
construcción social de la realidad. Y ello no admite exclusiones de ningún tipo. El
pasado es algo esencial e ineludible. Para asumir el desafío de un saber que no
podemos ya observar como constituido y no problemático, necesitamos hablar en clave
histórica y tomar en cuenta la especificidad de la disciplina.
Prof. José Antonio Padilla
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1 El pintor belga René Magritte a propósito de su obra La traición de las imágenes, 1928- 29. En Paquet,
Marcel (2000). Magritte, Taschen, Bonn, pág. 9. Michel Foucault tiene un trabajo muy interesante
publicado en los años setenta sobre René Magritte y la subjetividad titulada Ceci n´est pas une pipe
(Existe edición en español: Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte, publicado por Editorial
Anagrama)
2 La propia experiencia humana, con su reserva de significados posibles, es mucho más compleja que
cualquier intento esquematizador que sobre ella se pretenda construir. Incluidos, naturalmente, los relatos
históricos.
3 Las huellas del pasado que se presentan como síntomas, sólo adquieren significado retroactivamente al
ser reconstruido desde el presente, es decir, el marco significante que cambia constantemente. Así, el
presente construye el pasado.
